Director Artístico CeAC.
Es usual hoy en día hablar de la relevancia de la educación en el desarrollo de las prácticas artísticas contemporáneas, pues por muchas razones, incluso de índole moral, el avance de las sociedades occidentales está íntimamente ligado a la implementación de nuevas estrategias y metodologías de aprendizaje acordes con los modelos económicos y políticos que este contexto ha definido ya hace varias décadas.
Chile es un país que hace esfuerzos permanentes para salir del subdesarrollo cultural, buscando, debatiendo y pensando nuevas políticas en torno a la educación, sin embargo, muchas de esas reflexiones son sólo puntos aislados que no logran entablar diálogos fluidos y constantes entre los diferentes actores involucrados en esta renovación.
En este campo, el papel que le ha tocado desempeñar al arte en general y a las artes visuales en particular, ha sido históricamente secundario, pues los modelos que se han seguido se han articulado a partir de prácticas de reproducción del saber análogos a mezquinas interpretaciones de la realidad.
Por otro lado, existen factores que determinan la parcial influencia de las artes en el fortalecimiento de la educación en Chile. Por ejemplo, la implementación universitaria de la enseñanza del arte en términos formales sólo se ha conseguido desde mediados de la década de los años cincuenta, y en forma transdisciplinaria desde mediados de los años ochenta.
Antes, la Academia de Bellas Artes, aunque cobijada por la Universidad de Chile, no tuvo ninguna responsabilidad directa en la construcción curricular de las materias artísticas ni en el conocimiento y análisis desarrollados por las Escuelas Normalistas desde mediados del siglo XIX hasta 1974, fecha en que fueron disueltas por el gobierno militar de la época.
La enseñanza del arte ha estado subordinada históricamente a la asimilación directa de la racionalidad impulsada por el método científico, y ha seguido anclada a la reproducción mimética de “lo real”.
Hoy el estado de las cosas no es radicalmente diferente. Más bien habría que decir que ha habido algunos cambios. Con más precisión, lo importante aquí es mencionar que paulatinamente el espacio del arte contemporáneo se ha ido desplazando de campos históricamente ligados a estudios asociados a la historia del arte, a la estética formal y a las relaciones entre arte y filosofía tendientes a generar la autonomía del lenguaje artístico a toda costa. Hoy existe cada vez más la sensación de que la vida colectiva debe estar reflejada en las producciones artísticas. Las nuevas formas de comunicación y la organización social contemporánea obligan de alguna manera a crear y producir nuevos campos de investigación artística asociados a múltiples disciplinas de alta relevancia y notoriedad pública. Es así que nuevos enlaces entre artes visuales y nuevas pedagogías han permitido vincular directamente a la educación con el mundo del arte, ya no a través de estructuras jerárquicas y estratificadas, sino en un amplio territorio de experimentación y rearticulación de procedimientos y metodologías, donde por ejemplo los estudiantes o el público (que no son lo mismo) ya no estarían en el último lugar de la cadena de eventos de una llamada “actividad pedagógica”.
Hacer hoy pedagogía con el arte o en lugares donde el arte se exhibe o promueve debe, sin lugar a dudas, repensar cada uno de sus actores y funciones. Pues los niveles de interacción y conocimientos asociados al arte sobrepasan muchas veces en complejidad a los objetivos tradicionales de la visita guiada.
Lo interesante de este paulatino cambio de funciones no es el producto de una iniciativa artística aislada, sino que es precisamente el fruto de experiencias pedagógicas del mismo mundo del arte, donde ha sido necesario reconstruir prácticas y métodos de enseñanza para potenciar la creación como eje de crecimiento conceptual y simbólico.
Ejemplos como la redefinición del Vorkurs1 por Josef Albers en Estados Unidos en el Black Mountain College (1933-1957), escuela que se creó como se menciona en el film Fully Awake: Black Mountain College, como un experimento de “educación en democracia”, con la idea de que las artes y las responsabilidades prácticas son iguales al desarrollo intelectual; donde el énfasis recaía en el principio de que aprender y vivir están íntimamente conectados.
Asimismo, la Escuela de Arquitectura y Diseño de la Universidad Católica de Valparaíso ha refundado la concepción de espacios a través de la enseñanza de un pensamiento poético que mira el paisaje y la geografía como un territorio mensurable en proporciones intangibles, que solamente pueden ser capturadas en el camino recorrido entre un lugar y otro. Las conocidas travesías son entonces el método pedagógico por excelencia.
Por todo lo anterior, el papel de los centros de arte contemporáneo está siendo cada vez más fundamental para repensar e incluso reconstruir las formas de comprender los fenómenos artísticos de las comunidades a las que pertenecen.
La implementación de nuevos métodos de trabajo educativo asociado a la práctica artística, si bien son un desafío importante porque desdibuja el actual
modelo pedagógico, pueden ser abordados con éxito pues el terreno es fértil. La educación y el arte son disciplinas dinámicas que necesitan constantemente ser interpeladas y reconsideradas para lograr una relación coherente con la vida contemporánea.
![]() |
Descarga aquí el catÁLOGO(Peso: 9.7 Mb) |
![]() |
Descarga aquí el catÁLOGO(Peso: 9.7 Mb) | |
![]() |
Descarga aquí el catÁLOGO(Peso: 4.3 Mb) | |
![]() |
Descarga aquí el catÁLOGO(Peso: 30 Mb) | |
![]() |
Descarga aquí el catÁLOGO(Peso: 1.5 Mb) | |
![]() |
Descarga aquí el catÁLOGO(Peso: 23 Mb) |